HISTORY OF SPAIN: LA GUERRA DE CUBA

La presencia de España en Cuba era muy importante para ciertos sectores sociales con intereses económicos: la burguesía catalana exportaba tejidos a la isla; de allí traíamos azúcar y tabaco, cuya venta ayudaba equilibrar la balanza de pagos, etc. Estados Unidos quiso comprar la isla a España, pero los políticos se negaron, pues creían que si abandonaban habría una crisis del sistema político.
   El descontento cubano se repartía entre la explotación de la colonia y las restricciones del libre comercio de Cuba con los demás países americanos, especialmente USA. Eso explica el malestar entre criollos y terrateniente; algunos de los cuales, como José Martí, tuvieron que exiliarse. Fue éste, desde Nueva York, quien dará origen al movimiento de oposición (armado) a la metrópoli.
   El gobierno de Sagasta reaccionó, concediendo una tímida Ley de Autonomía para la isla, pero ya era tarde. En 1895, tras el Grito de Baire, se produjo el definitivo levantamiento independentista. En ese año, los rebeldes hostigaron al ejército español que mandaba Martínez Campos; quien, ante su actitud blanda con los insurgentes, fue sustituido por Weyler; que, al mando de un gran ejército, se dispuso a exterminar a los revolucionarios, aun a costa de arruinar la isla.
   Weyler obligó a emigrar a las ciudades a la población rural (“Orden de Concentración”), para que la guerrilla no encontrara apoyo; y dividió el territorio con líneas fortificadas, llamadas trochas. La superioridad de los españoles chocó con el conocimiento del terreno por parte de los cubanos y del material de guerra que enviaban los EEUU.
   En la Península aumentó el malestar contra la guerra y, tras la muerte de Cánovas, Sagasta intenta solucionar el problema con la citada Ley de Autonomía (gobierno propio en cada isla, Cámara de representantes y los mismos derechos que los españoles) y la sustitución de Weyler por Blanco.
   Pero, cuando esas medidas comenzaban a dar fruto, se produjo la entrada de Estados Unidos en la Guerra, tras la voladura del acorazado Maine en la Habana (de cuyo hundimiento nos culparon…). Aunque de nuevo intenta comprar la isla, con nuevo rechazo por parte de Madrid.
   Poco después, en Filipinas se desarrolla un proceso semejante. La evidente inferioridad táctica y técnica de la escuadra española quedó de manifiesto en Cavite (Filipinas), donde fue aniquilada. Y algo parecido le ocurriría a Cervera en Santiago (Cuba), donde sus barcos fueron hundidos. Por lo que las tropas yanquis desembarcan en Puerto Rico y Cuba, adueñándose fácilmente de las islas.
   El Tratado de París (1898) nos obligaba a abandonar esas dos islas, y a ceder la isla de Guam (la mayor de las Marianas) a USA como indemnización de guerra. Aunque los norteamericanos se avinieron a pagar 20 millones de dólares en compensación por Filipinas. Después vendimos el resto del imperio colonial (Palaos, Carolinas y resto de las Marianas) a Alemania.
   Las pérdidas humanas se calcularon en más de 100.000 hombres, pero la mayoría de las muertes se produjeron a causa de enfermedades que, si no mataban, dejaban secuelas de por vida: fiebre amarilla, malaria o paludismo, dengue, tifus, etc. La economía se resintió con esta pérdida, que tanto bien causaba al comercio nacional. Y el ejército sufrió un gran desprestigio, a pesar del valor demostrados por algunos miembros a título personal.
   El desastre colonial de 1898 favoreció una toma de conciencia en relación con los múltiples problemas que la Restauración como sistema político tenía planteado, pues impulsó un movimiento ideológico conocido como Regeneracionismo. Su figura más importante fue Joaquín Costa, que orientó su obra a tres fines: constatar el retraso español frente a Europa, buscar las causas del mismo y hallar las soluciones que, a su juicio, sólo podían encontrarse en la intensa labor educativa y en la generación de riqueza en el país (“despensa y escuela”). El Regeneracionismo dio paso a la llamada Generación del 98, un movimiento intelectual y literario de gran influencia.



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