HISTORY OF SPAIN: "¿Hay algo que no cueste?"


Es posible encontrar cosas que cuesten muy poco, pero todo cuesta algo. Hasta el flan de huevo que me regalan los domingos tiene un coste para mí: el tiempo que dedico a comerlo.
También es posible que sea uno el que paga el coste y otro el que recibe el bien. Y esto tiene efectos económicos importantes. Si se vuelve gratuito el transporte urbano, nos aficionaremos a tomar el autobús más a menudo de lo que haríamos si tuviésemos que pagar su precio. Naturalmente, se pretende que todos los ciudadanos puedan utilizar libremente un servicio público tan necesario como el transporte; pero como el usuario no paga, tiende a utilizarlo demasiado, y esto es un despilfarro. Por otro lado, alguien está pagando los impuestos para financiar este servicio: siempre hay alguien que paga.

¿Son los beneficios un coste?
¿Los beneficios, un coste? No puede ser. Pues sí, puede ser. Desde el punto de vista económico, un componente del coste es el beneficio normal. Imaginemos que tengo 20 millones de euros (es mucho imaginar, pero puestos a…) y me ofrecen dos alternativas. Entrar en sociedad con unos amigos, lo que me daría un beneficio anual del 8%, o montar mi propio negocio (una librería). Supongamos que opto por la segunda alternativa (¡que iluso!). Al planear mis acciones como librero, tengo que incluir como coste no sólo el de los libros, alquiler del local, electricidad, impuestos, etc, sino también mi sueldo –por lo menos el que ganaría en una actividad alternativa a mi alcance- y ese 8% que sacaría a mi dinero en otro negocio. Porque uno y otro (sueldo e interés) son costes de mi librería, aunque no los he de pagar a terceras personas. Lo que dejo de ganar por no usar mi trabajo y mi dinero en otra actividad remunerada.

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