PHILOSOPHY TODAY: NUEVA RIQUEZA SOCIAL


La crisis que estamos viviendo hoy nos proporciona una señal de que quizá nos encontramos en un viaje hacia alguna parte de la geografía política, que no solo afecta a la izquierda. Quizá tendríamos que tirar las viejas brújulas que todavía conservamos y buscar nuevos modelos para orientarnos. Fijaros que en Europa hay una nueva reorientación nacionalista del viejo conservadurismo europeo, aparecen tensiones entre corrientes libertarias y liberales en el mundo económico y aparecen los frentes modernistas y tradicionalistas en el interior de la socialdemocracia europea.
Como sabemos, lo que se distingue entre “izquierda” y “derecha” viene de las posiciones que se adoptaron en la Asamblea Nacional de París. La distinción entre estas dos corrientes, de factura filosófica, se basaba en la idea de progreso de la sociedad burguesa. Los conservadores defendían el mundo preburgués en la cultura, política y la economía de la sociedad burguesa establecida. Los socialistas se inspiraban en la idea de que sólo en un orden económico postburgués sería posible la realización de las promesas humanistas de la revolución burguesa. Ahora bien, todas las tradiciones y orientaciones políticas tenían como guía una interpretación del progreso que se basaba en el control cada vez más perfecto del mundo natural y social.
Horkheimer y Adorno ya se percataron antes de que finalizase el siglo XX que este progreso había sido víctima de una “dialéctica”, de una original perversión de sus intenciones originales. El grandilocuente proyecto de la Ilustración de fundamentar las relaciones humanas exclusivamente en la razón cambió en una forma de dominación sin precedentes. De esta forma, de la premisa tan racional de abolir los privilegios estamentales acabó derivándose una racionalidad valorizadora que impregnaba toda la sociedad. La expansión de la economía hace ya años que ha empezado a socavar las bases naturales de la vida humana. Hace ya años que la ciencia y la técnica se han convertido en apéndices de brujo que se sustraen con dura obstinación a todo control ético y político.
La Ilustración no condujo a una reflexión pública acerca de los objetivos de fijarse una humanidad más liberada, sino más bien, como afirman Adorno y Horkheimer, abrió las compuertas a una segunda naturaleza en la que el hombre moderno se mueve con miedo, con paso inseguro y desorientado. Hoy la incertidumbre se ha convertido en el auténtico contenido de la política. Por eso hay que fabricar una nueva brújula que nos oriente en el ámbito de la política, para eliminar dichas incertidumbres. Esta incertidumbre viene generada por una civilización dotada de altos estándares técnicos que expone al hombre a amenazas nunca vistas. La incertidumbre viene del hacho de la erosión continuada de los niveles de solidaridad y de sentido que durante siglos conferían tanta a las existencias privadas como a los asuntos públicos una estabilidad casi natural. Y los asuntos públicos, incrementan sus cuotas de incertidumbre cuando vemos que las personas se refugian masivamente en pseudocertezas como el fundamentalismo, el nacionalismo
Desde siempre el capitalismo ha ido acompañado de incertidumbre. El capitalismo son ciclos de acumulación y crisis. Durante un tiempo tuvimos la falsa esperanza de que podríamos dominar a las crisis, o que las podríamos moderar de forma sustancial. La poderosa expansión de los sistemas de seguridad social y las políticas económicas anticíclicas, orientadas a la demanda, es decir, a los intereses de los consumidores, hicieron creer que podíamos mantener la incertidumbre dentro de unos límites previsibles. En la actualidad el paro masivo es un problema estructural y cada vez resultan menos viables los sistemas de seguridad social basados en el principio de cotización y la relación laboral normal.
La crisis actual es una consecuencia de muchos factores, algunos evidentes (especulación, burbujas de todo tipo, etc) y otros no tan evidentes. Ahora bien, el paro masivo, el alejamiento de las mujeres, los jóvenes y los viejos del mercado laboral, son las formas de manifestación de una nueva riqueza social. Esto ya lo comentó en su tiempo Marcuse con el nombre de “dominio de la abundancia”. Las variantes económico-políticas tendrían que estar protagonizadas por conceptos contrapuestos acerca de cómo enfrentarse a este “dominio de la abundancia”. De derechas son todos aquellos programas que se centran exclusivamente en el mercado. Su política social se orienta en función de las exigencias del mercado de trabajo. Se quieren privatizar los riesgos de empleo y enfermedad, a la vez que se promueve la potenciación de las fuerzas de policía y se tiende a formas autoritarias de gestión de la pobreza.
Las izquierdas, por cierto, ¿dónde están las izquierdas? ¿Cómo deberían enfrentarse a este problema del “dominio de la abundancia”? Hay muy pocos elementos claros a día de hoy. Ahora bien, parece que tendríamos que ir hacia una reducción temporal del trabajo remunerado individual y hacia una flexibilización de sus modalidades de ejecución. El reparto democrático del tiempo de trabajo reducido debería combinarse con la seguridad de una renta básica no ligada a ninguna condición previa, entendida como derecho ciudadano.
Cuando se habla de incertidumbre parece que hablamos de una fase de transición. Ahora bien, lo peculiar de nuestra época es que quizá ya no podemos contar con certezas. Los totalitarismo del siglo XX, esperemos que sea así, fueron el último intento de fundar una política sobre la base de supuestas certezas. Hoy, la democracia es la forma institucional de abordar esta incertidumbre.

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