EUROPEAN HISTORY: "A Rusia, a los asnos a los otros" de Marc Chagall
Chagall llega a París en 1910, cuando tenía 23 años. Su luz lo deslumbra y lo conduce a través de todos los vericuetos de sus recuerdos fantasmagóricos. Gracias a Gauguin, a Van Gogh, Surat, Matisse y los fauvistas, confía al color puro el pleno poder de la expresividad poética. A Marc Chagall, nostálgico investigador de los recuerdos, estático soñador e indagador del subconsciente, más que contemplar y descomponer un objeto en sesiones meditadas, más que configurar planos de líneas y colores en matemática conexión y sucesión entre sí, le importa interpretar y narrar en términos subjetivos su mundo figurativo. En su universo figurativo, Chagall hace estallar la sencillez, la cercanía del recuerdo que domina sus pensamientos dentro de un contexto alucinado y fragmentario, donde el uso de la metáfora se convierte en lenguaje figurativo, espejo del alma. Las calles, las casas y las sinagogas que vemos en muchos de los cuadros de Chagall no pretenden contarnos sólo cosas de Vitebsk o de los años de la infancia, sino indicarnos, con el regreso a su lugar de nacimiento, la existencia de sentimientos como la conmoción, la nostalgia y el afecto. En la pintura-poesía de Chagall, una campesina, una vaca o un apero agrícola evocan la vida campesina, el vendedor ambulante con el saco al hombro, el judío errante, los techos rojos, la felicidad de la juventud.
A Rusia, a los asnos, a los otros
Título extraño, debido a la imaginación de su amigo Blaise Cendrars. Este cuadro forma parte de las obras en los que el pintor consiguió dominar todos los elementos de su visión, pese a la dinámica de contrastes, en la superposición de los planos, mediante el dominio de la composición y del color que había investigado constantemente. Esta pintura es la narración de un sueño: nada en el cuadro corresponde a la realidad que nos rodea. Los planos son compuestos arbitrariamente, no hay perspectiva ni profundidad. No se sabe si es de día o de noche, porque no tiene importancia. Sobre el fondo oscuro aparecen figuras geométricas, luces astrales, animales. La vaca se ha vuelto roja y crea con su color, fuera de toda regla el clima de fábula; bajo ella maman un niño y un ternero, ambos verdes. Esta se halla en un tejado, sobre el fondo de la cúpula dorada de una iglesia, y arriba, en el cielo, camina una joven campesina con el vestido adornado con óculos de pavo real, y su cabeza, separada del tronco, flota en el cielo. El cuadro es una metáfora poética. Chagall introduce en el arte moderno el lenguaje metafórico aproximándolo a través de la fuerza de su recuerdo.
Existe la intención de unir la realidad y la fantasia, en una visión que lleva el cielo a la tierra, hace volar a la vaca sobre el tejado y a la mujer por el cielo, sobre la cúpula de la iglesia, perdiendo la cabeza en las profundidades del azul.

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