EUROPEAN HISTORY: FRANCIA EN LOS AÑOS TREINTA
Si Estados Unidos, Inglaterra y Alemania fueron las economías occidentales más afectadas por la gran depresión no fueron las únicas. Francia fue uno de los países donde la gran depresión se cebó. Francia estaba caracterizada por la pequeña y la mediana empresa tanto a nivel industrial como agrícola. Esto la hacía estar menos expuesta a las fluctuaciones de la coyuntura internacional, además de que sus sectores productivos sacaron provecho de la devaluación del franco y el lógico incremento de las exportaciones. Por lo tanto, Francia fue una isla de prosperidad en un mundo atacado por la crisis. El Banco de Francia acumuló gran cantidad de oro, y los parados todavía eran muy pocos en número. La devaluación de la libra fue la que asestó el primer golpe a la economía francesa. Sus exportaciones se cortaron, y por lo tanto dejaron de ser competitivos. Ello comportó que los índices de producción descendieran y se incrementasen los despidos con el consiguiente incremento del desempleo. El golpe definitivo provino de la conferencia de Lausana, donde se marcó el fin de las reparaciones de guerra.
Los diferentes gobiernos que se sucedieron se negaron a devaluar el franco, lo que hubiera hecho más competitivas las exportaciones francesas y hubiera estimulado la economía del país. En vez de estas medidas llevaron a cabo nuevas medidas proteccionistas, así como recortes de salarios. El resultado de todo ello fue fue un descenso de las rentas del trabajo asalariado y un descenso de los beneficios. Sólo algunos sectores, como los pensionistas, resultaron beneficiados.
En este contexto de depresión económica, surge a finales de 1933, el escándalo Staviski, un financiero judío con muchas amistades políticas. Es cuando la Tercera República sufre una crisis intensa, que afecta al propio sistema republicano. El ataque contra sus instituciones y contra sus ministros corruptos parte de las Ligues, una mezcla de formaciones políticas y paramilitares de derechas, desde los nacionalistas tradicionalistas, a los fascistas del francismo. El 6 de febrero de 1934 las Ligues organizan una movilización contra el gobierno del radical Daladier, responsable de haber cesado al jefe de la policía de París, conocido simpatizante de las Ligues. Dicha movilización se convirtió en una insurrección. La policía respondió con dureza y al final del día se contabilizaron 15 muertos y 1.435 heridos. Parecía que el gobierno salía de aquella insurrección cuando al día siguiente varios ministros presentaron su dimisión, obligando a Daladier a dimitir y sumiendo al país en la inestabilidad política. Si miramos a las organizaciones de izquierda, estas estaban no solamente divididas entre ellas, sino también en el interior de las mismas. Los socialistas no sabían cómo encajar sus intransigencias doctrinales con su inclinación de compromiso. El partido comunista también tenía sus problemas internos. Además las relaciones entre socialistas y comunistas eran tensas
De forma totalmente imprevista, en junio de 1934, durante la conferencia del partido en Ivry, el líder comunista Maurice Thorez se pronunció a favor de un pacto de unidad de acción con los socialistas. Se entablaron negociaciones y el 27 de junio llegaron a un acuerdo. Después, Thorez lanzaba la propuesta de un frente popular que incluyese también a los radicales. En junio de 1935 se había alcanzado un acuerdo entre los tres partidos de la izquierda francesa. ¿Cómo era posible un pacto de las izquierdas? Algunas buscan la explicación en el reciente pacto franco-soviético. En cualquier caso, el frente popular francés era un espejo en el cual se miraba la izquierda europea para contraponer el avance fascista en Europa. España es uno de los que miraron en dicho espejo como ya lo veremos en otro podcast.
Las elecciones de 1936 fueron unas de las más reñidas en la historia política francesa, y muestra de ello fue la elevada participación, en torno al 84,3%. De las urnas salió vencedora la izquierda, y dentro de esta el partido Comunista Francés, que duplicó sus votos. El 4 de junio tomaba posesión el nuevo gobierno al frente del cual se situaba Léon Blum. De dicho gobierno formaban parte ministros radicales y socialistas, mientras que los comunistas se mantuvieron al margen prestando solo el apoyo externo, sin querer involucrarse en las tareas del gobierno. Se supone que fue esta una decisión de Moscú, en el sentido de guardarse un as en la manga.
El programa del Frente Popular era un programa democrático y antifascista. Desde el punto de vista económico, el programa no pretendía estabilizar la economía a través de grandes obras públicas y medidas para el incremento del poder adquisitivo de las clases menos favorecidas. Las únicas reformas estructurales eran la nacionalización de las industrias armamentísticas y un pequeño cambio en el Banco de Francia. Además regularon el mercado del trigo con la creación de una oficina nacional. Todas estas medidas estaban por debajo de las expectativas creadas por la victoria del Frente Popular. Antes de que el gobierno tomase posesión, se iniciaron huelgas y ocupaciones de fábricas. Por lo tanto, la primera medida del gobierno fue sentar a patronos y sindicatos para llegar a un acuerdo, cosa que al final se llegó en julio de 1936 con los acuerdos de Matignon, que preveían incrementos salariales del 7 al 15 por ciento de los trabajadores así como la institucionalización del convenio colectivo. Al mismo tiempo, el gobierno legisló la semana de cuarenta horas así como las vacaciones pagadas de quince días. Estos fueron unos resultados buenos para la estrategia empresarial, pero el mejor resultado fue el pacto en sí. ¿Por qué? Porque quedó claro que la unidad de acción de la izquierda podía doblegar la resistencia de la patronal, y no solo esto, sino que además podían ir más adelante desde el punto de vista de las reformas para la clase obrera.

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