PHILOSOPHY TODAY: DE LA MODERNIDAD A LA POSTMODERNIDAD
Cuando Platón quería explicar a sus contemporáneos cual era el estado de la condición humana, utilizó el mito de la caverna. Si hoy tuvieramos que hacer lo mismo para explicar nuestro mundo moderno, quizá la alegoria mas perdecta fue la que desarrolló Harvey Cox. Cox imaginaba la modernidad como la encarnación de un gran aeropuerto internacional.
Imaginemos por un instante dicho aeropuerto, claramente iluminado, envuelto de paredes de vidrio y cómodas butacas de espera. Aunque eso si, los aeropuertos ya no son lo que eran. Dentro de dicho aeropuerto, hombres y mujeres hablan en diferentes lenguas sin dejar de mirar sus aparatos electrónicos. Las pantallas de los vuelos están instaladas en un panel enorme en la pared. Al mismo tiempo, una voz aterciopelada nos anuncia la salida de los vuelos, recordando que los pasajeros tienen que llevar en mano los pasaportes o visados para poder ser identificados. Las instrucciones que dan son muy claras. Anuncian una hora, un vuelo y una puerta de embarque. Más allá de los paneles de vidrio de la sala se ven unas imponentes máquinas voladoras, ingeniosos mecanismos para trasladar a la gente. Más cerca de los hombres y las mujeres hay unas silenciosas pantallas de ordenador donde aparecen el nombre y los apellidos de los pasajeros. Al lado, unos uniformados empleados sonrien detrás de un mostrador.
Hay además, otros recintos más pequeños como kioscos, tiendas de regalos, cafeterias, lavabos,...... En la mayor parte de los aeropuertos se nos ofrece multiples opciones: un viaje a cualquier continente, el regalo más original, un coche de alquier, y un largo etcétera. La vía de acceso a este universo de satisfacción inmediata es una simple tarjeta de embarque. Pero si dejamos las analogías, y vamos a la realidad, fijaros como la sala de espera del aeropuerto corresponde con nuestro mundo actual, el mundo de los Estados nacionales soberanos; el mundo de la tecnología científica; la época de la burocracia racionalizada y de la invasión administrativa.
Las cinco bases de la modernidad están encarnados en la imagen del aeropuerto; el Estado, la técnica, la razón instrumental el capitalismo y el secularismo. Todos ellos han definido nuestras vidas a lo largo de los últimos tres siglos. De estos principios básicos surgen cuatro valores de la modernidad: la abstracción como modelo de pensamiento, la individualización como identidad, la liberación y la secularización.
La abstracción incorporó a nuestras vidas la exactitud y el rigor ya que esta abstracción está presente en todos los procesos institucionales que nos envuelven. La individualización como ideal de la realización del yo, de autosuperación.
Aquella promesa de una emancipación total de la humanidad, hecha en la modernidad, parece que hoy no existe. No se trata solo que la promesa la haya olvidado la modernidad, sino que el mismo desarrollo de la modernidad ha impedido su manifestación: el analfabetismo funcional, el empobrecimiento de los pueblos del sur y del Tercer Mundo, el paro,.... todo esto no es sino consecuencia del desarrollo.
Si la postmodernidad nos trae una concepción no metafísica de la verdad, un modelo interpretativo de la realidad, no científico sino retórico, poco postmoderna sería aquella condición cultural que se dejara definir. Donde podemos observar plenamente la postmodernidad es en el arte. La crisis de las vanguardias representa prescindir de la investigación o de la necesidad de las grandes causas y acepta objetivos menores. A diferencia del arte contemporáneo moderno, hoy creemos que el arte es incapaz de transformar la vida. El artista postmoderno ha perdido la angustia existencial y ahora asimila, copia, reinterpreta todas las influencias posibles sin la pretendida ortodoxia del artista moderno.
Donde también afecta la postmodernidad es en la política. La pérdida de los referentes utópicos, el fracaso y rechazo de las políticas mesiánicas justificaría la aparición de la política funcionalista, una política caracterizada por la emergencia de acciones de problemática única que emfatiza sólamente la dimensión temporal, el presente como único momento. El sentimiento fundamental de la política postmoderna es que el político gestor ha pasado a ocupar el antiguo lugar del político, o del ideólogo, y el partido político actualmente es una mera agencia económica.

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