PHILOSOPHY TODAY: EL NIHILISMO
El nihilismo no es una doctrina filosófica, sino un movimiento histórico, el movimiento histórico de la cultura occidental. No se trata de un fenómeno parcial, ni de una edad concreta, sino la esencia de todo un destino: el destino de los pueblos de Occidente. Nietzche formuló una frase, “Dios ha muerto”, que nos revela la esencia acerca de occidente. Y “Dios ha muerto” significa que, puesto que al mundo suprasensible le hemos restado en su totalidad la pretendida función ordenadora de nuestras existencias, nos hemos quedado sin “brújula”, sin sentido que darle a esta vida. Si Dios, como fundamento suprasensible en cuanto origen de todo lo real, si el mundo suprasensible ha perdido toda su fuerza obligatoria, “constructiva”, está claro que el hombre haya perdido totalmente la orientación en el mundo.
Ahora bien, pensar a fondo la esencia del nihilismo no es otra cosa que repensar hasta sus últimas consecuencias la propia metafísica entendida no como platonismo, sino en tanto que armazón fundamental de lo existente. El nihilismo posee dos caras: una negativa, el nihilismo como “esencia” de la tradición platónica-cristiana. Esta es la explanación de la crítica destructiva de la tradición occidental. Mientras que, por otra parte, posee una cara positiva porque el nihilismo supone el reconocimiento de las condiciones por las que Occidente ha llegado a ser nihilista; es en este sentido como alumbramos los intentos por escapar del nihilismo.
Hay tres grandes momentos del movimiento nihilista:
Nihilismo como consecuencia inmediata que sigue a la destrucción de los valores que habían estado vigentes hasta ahora; es el momento de la tremenda duda, de la desorientación radical y de la pérdida de sentido.
Nihilismo como afirmación del propio proceso nihilista en tanto que consecuencia necesaria. Es el momento de la reflexión, del distanciamiento con respecto a esta tradición.
Nihilismo como punto de inflexión hacia una nueva perspectiva del ser y del hombre; es el momento de la nueva valoración sobre la vida, la esperanza. Este tercer momento del nihilismo es recorrido no por la reflexión de la razón, sino por algo instintivo y Nietzsche le da el nombre de la Voluntad de Poder.
Lo que ha muerto ha sido el Dios de los metafísicos, el Dios monoteista. Para Nietzsche el monoteísmo de la razón (dogmatismo) obliga a descartar otras razones, otros “dioses”. El nihilismo conlleva esta opción por lo Uno, por una única dirección de conciencia, porque se cree en la “Verdad”, en que verdaderamente existe un sentido superior, sobrenatural, que guía al hombre a través de la razón. Los otros dioses son los que antaño venerara el politeismo: dioses múltiples, contradictorios, en lucha eterna; de ahí que “lo divino” no sea para Nietzsche el que exista un Dios, sino dioses. La pluralidad de perspectivas es, para el hombre, condición de libertad, porque el politeismo siempre ha prefigurado el espíritu libre y múltiple del hombre.

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