PHILOSOPHY TODAY:ECONOMÍA SOSTENIBLE


Suele pensarse que el crecimiento económico es la solución a todos los males económicos. ¿Qué hay pobreza? Es suficiente con que crezca la economía (incrementar la producción de bienes y servicios e incitar al consumo) para que se genere riqueza. Si se intenta redistribuir la riqueza, los economistas dicen que se retrae el crecimiento. ¿Qué hay paro? Fomentemos la demanda mediante la rebaja de los tipos de interés sobre los préstamos y estimulemos la inversión ya que de esta forma se crearán puestos de trabajo y se impulsará el crecimiento. ¿Qué hay superpoblación? Confiemos en la transición demográfica que resulta del crecimiento económico: el índice de natalidad se reducirá como ha ocurrido en los países industrializados durante el siglo XX.
Considerar así la economía tendría sentido si esta operase sola. Ahora bien, la economía es un subsistema de un todo. Cuando la expansión económica presione demasiado sobre el ecosistema y empezemos a sacrificar el capital natural (minerales, pesca, etc), llegaremos entonces a un crecimiento “antieconómico” en el que se producirán más males que bienes y seremos más pobres, no más ricos.
El mundo se va llenando cada día de seres humanos con todo el equipaje de los países desarrollados. Para abordar este nuevo régimen de escasez es preciso desarrollar una economía sostenible. ¿Qué barreras tendremos que superar? La transición a una economía sostenible y viable exigirá numerosos ajustes de tipo político. El Sistema de la Seguridad Social, por ejemplo, encuentra dificultades porque la transición demográfica a una población que no crece da lugar a que disminuya el número de personas activas y aumente el número de jubilados. Los ajustes exigen subir los impuestos, retrasar la edad de jubilación o reducir las pensiones.
Una economía sostenible requiere una “transición demográfica” no sólo de personas sino de bienes. El ritmo de producción tiene que coincidir con el ritmo en que se desgastan dichos bienes. La igualdad de estos ritmos puede hacerse a niveles altos o bajos y convendrá que sean bajos para que los bienes duren más y se alcance la sostenibilidad.
El libre comercio no sería viable en un mundo donde coexistiesen economías sostenibles y no sostenibles, ya que las primeras habrían de soportar numerosos costes ligados al medio ambiente que las segundas no tendrían. Estas últimas podrían entonces rebajar los precios de sus competidoras sostenibles, no por su mejor rendimiento sino simplemente por no pagar los costes propios de la sostenibilidad. Podríamos pensar en un comercio regulado por normas que compensaran estas diferencias, como así un comercio libre entre los países que se comprometiesen por igual a la viabilidad. Los críticos dicen que estas restricciones al comercio son contrarias al comercio, pero tenemos que pensar que hoy el comercio está sujeto a muchas normas, que además son perjudiciales al entorno.
¿Puede una economía sostenible mantener el pleno empleo? Quizá no, pero también podríamos preguntarnos si podemos alcanzar el pleno empleo en una economía de libre mercado, donde predomina la deslocalización, la inmigración como fuerza laboral barata y la adopción de técnicas que economizan mano de obra. En una economía sostenible, el mantenimiento y las reparaciones tienen mayor importancia. Son servicios de gran contenido en mano de obra y protegidos de la deslocalización, por lo tanto, pueden proporcionar más puestos de trabajo.
Por último, citar el último obstáculo. Una de las razones que aducen los partidarios del crecimiento no sostenible es que cuanto más se consuma, más satisfecha estará la persona. Pero el crecimiento económico no siempre aumenta la satisfacción o el bienestar. El crecimiento no incrementa las rentas de todo el mundo. Provoca el incremento de las rentas de algunos, que es compensado por la caída de las rentas relativas de otros. Además, si todas las rentas crecieran proporcionalmente, no crecería ninguna renta relativa y nadie se sentiría satisfecho.

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