HISTORY OF SPAIN: "Pensar en Grande" Ortega y Gasset
Ha llegado la hora magnifica y tremeneda en que el Destino impone a los españoles la obligación de pensar en grande. Es la gran sazón que a veces tarda siglos en volver. Póngase en las fronteras enormes cartelones: “Aquí se va a hacer un pueblo”. ¿No es la delicia mayor? ¡Hacer, construir una nación para generaciones!¡Anticipar el porvenir, creándolo! Es la mañana estremecida que vive el arsenal cuando con urgencia afanosa se están dibujando los galibos de las naves y se presienten en germinal condensación todas las bonanzas y todas las borrascas de sus futuras navegaciones. La gran faena de aquitectura comienza tras un siglo de liquidación, derrumbamiento y angostura de la vida. El tamaño del porvenir depende de la magmanimidad del propósito. Magnanimidad no megalomanía. “Durante mi vida –decía Floridablanca en sus postrimerías- yo no me he propuesto otra cosa que ensanchar los caletres de los españoles”. Amigos, tomemos el acuerdo por unanimidad: ¡pensar en grande!.
Pero es preciso declarar de la manera menos eufémica que se está haciendo todo lo contrario; gentes con almas no mayores que las “usadas” por los coleópteros han conseguido en menos de dos meses encanijarnos esta República niña y hacerla perder el garbo aquel con que nació.esto no se puede tolerar ni un minuto más, y como es intolerable, yo, por mi parte, no lo tolero, utilizando para ello la única fuerza que tengo: la de mandar cantar al ciego de bandurría que soy yo; es decir, denunciándolo sin eufemismos ante el país.
Unos cuantos grupos que moscardean en el contorno inmediato del Gobierno están interceptando la comunicación directa de éste con la nación; le inquietan, le estorban, le desorientan y desazonan. Hay en el Ministerio algunos hombres de primer orden, cuyo único error grave ha sido tomar en serio a toda esa botaratería que pretende hacer de la República su propiedad privada y se atribuye tan arbitraria como audazmente, y tan audaz como ridículamente, la representación auténtica del pueblo, de la voluntad nacional, etc. Mentes arcaicas, incapaces de descifrar las líneas monumentales del porvenir, solo saben recaer en los tópicos del pasado, y se empeñan en que nuestra naciente democracia sea como las de hace cien años, y comenta, sin renunciar a ninguna, todas las insensateces y todas torpezas en que aquéllas se desnucaron.
Es preciso que frente a ellos defendamos la originalidad de nuestra República, originalidad que va insinuada y como jeroglifica en el modo de su advenimiento. No se olvide esto, porque en ello reside el secreto del futuro: cuando se propusó a España hacer una revolución, España dijo que no; más cuando se le preguntó si quería la instauración legal de una República, España con pasmosa coincidencia, dijo casi entera que si. Este es el hecho innegable y fundamental, marco en que ha de moverse la historia próxima; quien no acierte a mantenerse dentro de él, quien no logre interpretar su inexorable imperativo es, históricamente, un hombre muerto. La transformación de la vida española va a ser tan honda, sustantiva y radical, que la empequeñecen, reducen y superficializan los que hablan a toda hora de “revolución”, jugando con los varios sentidos del vocablo. Porque lo que bajo ese nombre de “revolución” piden son cuatro cosas espectaculares, sin efectivo radicalismo; es decir, sin raíces ni plenitud ni perduración posible. (…)).
Hagamos, pues, un alto en la marcha y…. pongámonos a pensar en grande.
José Ortega y Gasset, Crisol, Madrid, Junio de 1931
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