EUROPEAN HISTORY: LA VIOLENCIA DE AUSCHWITZ


La mera alusión a los campos de exterminio que arrasaron la Europa de los años cuarenta parece ir asociada con traumática naturalidad al ejercicio de la violencia extrema. Fue el sadismo de los fanáticos de la SS los culpables. Esta imagen con se corresponde exactamente con la realidad ya que los supervivientes del genocidio nazi recuerdan que el odio, el fanatismo y el sadismo extremo no estaban entre las características del comportamiento nacionalsocialista. Antes al contrario, la maquinaria nazi debía funcionar a pleno rendimiento, tanto en rapidez como en efectividad, como en rendimiemto, y a tal efecto cualquier contagio de las pasiones humanas hubiese resultado contraproducente. Esto es lo que convierte a este hecho todavía más dificil de comprender, le da unas características únicas y al mismo tiempo imprime un corte radical al pensamiento, al arte, a la industria y al mundo que a partir de ahora habrá de soportar este hecho como una pesada losa.
Leyendo a Levi, a Wiesel o a Hannah Arendt parece que el infierno que se instaló en la tierra tomó la forma de una funcionarización de la violencia, una despsicologización de la misma, que no la reintegra en los patrones de socialización y eficacia simbólica en el interior de los cuales lo concibieron otras civilizaciones del pasaso
La campaña de Rusia, la cual fue la desencadenante de “la solución final del problema judio” produjo una primera fórmula de asesinato de masas: las acciones de los Einsatzgruppen. Estos eran cuatro comandos creados en la primavera de 1941 llamados a desempeñar en la retaguardia del frente ruso sus funciones de liquidación de judíos y comunistas al mismo vertiginoso ritmo al que avanzaba la Wehrmacht, pero operando entre la población civil. En el es de agosto, las matanzas toman un caracter espectacular, siendo su símbolo Babi Yar, perpretada cerca de Kiev en septiembre de 1941. Los testigos de las masacres llevadas a cabo son abundantes y muestran la desmoralización de los Einsatgruppen ante los baños de sangre, especialmente de niños, mujeres y ancianos hacinados en fosas gigantescas o abandonados en los bosques. La brutalidad pronte se demuestra que resulta inoperante para hacer frente a las tareas que la conquista de nuevos territorios por el ejército alemán impone. No sólo porque suscita el sadismo de los asesinos, sino sobre todo porque puede afectar a su humanidad en cualquiera de los posibles sentidos que este concepto encierra. Se impone, por tanto en volver el proceso del asesinato en masa más rápido y discreto y a la vez menos impactante para los que lo perpetran.
La colocación de los cinco campos de exterminio en la red ferroviaria polaca, camuflados entre la campiña y alejados prudentemente de las ciudades, el uso de eufemismos para referirse al exterminio y la colaboración activa de la industria aceleran el proceso mecánico y garantizan el aprendizaje de los errores anteriores. El modelo que perseguían lo obtuvieron en Auschwitz ya que reunió en sí tres sectores: el campo de concentración, el de exterminio y el campo de trabajo donde las empresas alemanas se instalaron en busca de mano de obra gratuita. En Auschwitz se compenetró el trabajo, la productividad y la industria de la muerte. El capitalismo había llegado a ponerse al servicio del exterminio, la división del trabajo había consumado la deshumanización metafórica que tanto le habían recriminado desde los tiempos de la revolución industrial y los medios de comunicación modernos aseguraban un transporte regular y bien inventariado. La muerte se realizaba a gran escala y en silencio, y además no quedaba ni rastro.

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