EUROPEAN HISTORY: EL SURGIMIENTO DE MOVIMIENTOS POPULISTAS EN EUROPA


Europa está siendo invadida en la actualidad por una ola de populismo. Lo primero que percibimos, su tendencia principal, es la xenofobia y el racismo que se sitúa en la extrema derecha. Pero, ¿qué es el populismo? Lo característico del populismo es siempre mezclar diversos significados en un discurso fusionado y poco preocupado por sus contradicciones internas. En sus manifestaciones actuales está dominado por algunas cuestiones como: la defensa del orden, de la nación, de los valores tradicionales, la crítica de la clase política, acusada de estar alejada de la gente humilde y de ser ajena a sus dificultades concretas, el rechazo de la inmigración, etc. Pero, ¿a qué se debe este populismo? Algunos sugieren que se debe considerar como un fenómeno político, impulsado por la crisis de los partidos y las instituciones. Pero, esta no es una explicación suficiente ya que si esto es así, esto se debe a que los partidos políticos dan la impresión de no poder asegurar ya el tratamiento institucional de las demandas sociales. En este caso, la clase política es vista como un mundo más o menos corrupto, sin convicciones ni proyectos, movidos por la búsqueda del dinero y de los atributos del poder.
Sin embargo, lo más decisivo, nos lleva a un análisis complementario centrado en la sociedad más que en la nación, o más concretamente en los fenómenos sociales que llevan a la anteposición de la identidad nacional.
Hay una mutación que es en primer lugar industrial y económica. El movimiento obrero, totalmente desestructurado, se reduce a unos sindicatos institucionalizados, sin gran poder de movilización fuera de luchas sectoriales, en las que sería inútil buscar el espíritu de los combates de hace años, cuando la cuestión era liberar a toda la humanidad y construir una sociedad diferente. Las clases medias, hasta ahora tan activas cultural y políticamente, han dejado de comprometerse en la acción o de interrogarse sobre su polarización en los conflictos de clase, los pobres y los marginados se han encontrado todavía más desprotegidos.
Ahora llegamos al meollo de la cuestión. Cuando han podido los europeos de las clases medias e incluso de las clases populares menos desprotegidas han desplegado una serie de estrategias individuales que les permitieran librarse de su entorno urbano en vías de degradación. De forma simétrica, ciertas ciudades e incluso barrios enteros no han dejado de deteriorarse y de ser ocupados por una población inmigrante en la mayoría de los casos. El fenómeno es a veces espectacular.
Todo el mundo no tiene la suerte de vivir en un barrio agradable o en una zona residencial bien equipada y relativamente homogénea socialmente, ni tiene los medios, la imaginación o la fuerza que le permitan alejarse de un entorno urbano que se está empobreciendo. Para aquellos que se quedan, o que no tienen más remedio que quedarse en barrios en decadencia, y que no son inmigrantes, el sentimiento de amenaza y de derrumbamiento es tanto más fuerte cuanto que los puntos de referencia clásicos van desapareciendo o no existen. Las asociaciones, los partidos y las organizaciones están debilitadas o se han disgregado, mientras que las relaciones de buena vecindad se reducen a la mínima expresión con la llegada de los inmigrantes. El barrio, para aquellos que viven allí desde hace tiempo, se ha deteriorado, incluso físicamente, la tienda de barrio está desapareciendo o ha desaparecido ya, y está siendo sustituida por una tienda de comidas étnicas, en el que uno se siente extranjero.
Cuando ocurre esto, generalmente se suelen producir dos tipos de respuesta. Para unos prima el repliegue sobre uno mismo, acompañado de un fuerte resentimiento que lo expresa con el voto a los partidos de extrema derecha. Y para otros, aumentan su exasperación, y el odio hacia la inmigración y particularmente hacia los árabes.

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