PHILOSOPY TODAY: LA ÉTICA DE HUME
Hume acaba siendo pesimista ya que el criticismo de su filosofía le lleva a un callejón sin salida. De esta forma, Hume termina cayendo en un fenomenismo. ¿Qué podemos conocer? Únicamente fenómenos, y esto le lleva al escepticismo: ¿de qué puedo estar seguro? Absolutamente de nada (tan sólo de mis percepciones, de mis impresiones), y este escepticismo lo conduce a un relativismo: no existe una verdad objetiva y común, cada cual posee su verdad individual y distinta.
Donde este pesimismo y este escepticismo se manifiestan es en la ciencia y en realidad trata de poner cerco, por una parte, a las desmedidas aspiraciones del racionalismo y por otro lado, al dogmatismo metafísico tradicional. Para la tradición escolástica y el racionalismo la ciencia consistía en un conjunto de verdades universales, ciertas e indudables, y en este sentido Hume les dice que esto no es así, ya que siempre tenemos que pensar que podemos estar equivocados.
Por tanto, en lugar de aspirar a una certeza metafísica e indudable, debemos contentarnos con una certeza moral y esta ya es suficiente para la vida cotidiana. Aunque la razón, no me pueda proporcionar una verdad absoluta, mi sentido común es suficiente para guiarme en los azares de la vida, y de esta forma, en mi vida cotidiana me olvido de los razonamientos elaborados y actuó de acuerdo con mis convicciones ingenuas, iguales a la del resto de los mortales.
Para Hume, la moral se fundamenta en el sentimiento. El bien y el mal moral, no lo podemos descubrir en los actos, sino que se encuentran en los sentimientos. Por lo tanto, tenemos que mirar hacia nuestro interior. Para Hume, los seres humanos somos egoístas, y poseemos una fuerte tendencia a buscar nuestro propio interés. Ahora bien, este egoísmo también muestra aspectos altruistas que nos llevan a experimentar sentimientos de alegría por el bien ajeno y sentimientos de repulsa por su dolor. Además, gracias a estos sentimientos de simpatía hacia el prójimo podemos corregir los sentimientos egoístas propios y considerar nuestra conducta desde el punto de vista del bien de todos. Para Hume, la moral lo constituye el sentimiento de alegría y satisfacción por el bien propio y el ajeno y un sentimiento de conmiseración por nuestras desgracias y por las de los demás.

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