HISTORY OF AFRICA: RUANDA: ORÍGENES DE UN CONFLICTO
Hace apenas unos años más de medio millón de hombres, mujeres y niños fueron torturados y masacrados bajo pretexto de pertenecer a la etnia tutsi. Tutsi era signo de infamia escrito en los carnets de cientos de miles de ruandeses, al igual que hace más de medio siglo los judíos lucias una estrella amarilla que significaba una condena a muerte.
Ruanda ocupa alrededor de 26 mil kilómetros cuadrados y está habitado por siete millones de personas. Agricultores muy pobres cultivaban parcelas muy pequeñas de tierra asolada por la erosión, mientras que en las ciudades, los privilegiados del régimen formaban una mafia de especuladores procedente de una supuesta revolución social que provocó entre 1959 y 1960 el primer éxodo masivo de la antigua clase dominante propietaria de los grandes rebaños de ganado.
¿Cuál es la historia de este pequeño país?¿Dónde podemos encontrar los orígenes de aquella masacre? Jaques Maquet nos describe la sociedad ruandesa de principios de siglo XX, antes de que los alemanes y los belgas después, ocuparan el país. Este reino estaba poblado por dos millones de habitantes, existían relaciones complicadas entre tres clases sociales: la minoría tutsi, era propietaria de los grandes rebaños de vacas, y se dedicaba en exclusiva a la ganadería. La mayoría de la población, los hutu, se dedicaban a la agricultura, aunque también poseían algunas cabezas de ganado. En lo más bajo de la sociedad estaban los twa, que eran cazadores y alfareros. En 1956 la población se dividía de la siguiente forma: el 16% era tutsi, el 83% hutu y el 1% twa. El número de los tusi descendió hasta el 9% en 1971. Cada uno de estos grupos practicaba una fuerte endogamia.
En el centro de Ruanda los tutsi ejercían un dominio socioeconómico sobre los hutu a través del contrato de la vaca; entregaban una o varias cabezas de ganado a sus clientes agricultores que, a cambio de ella, les entregaban una parte de la cosecha y les prestaban varios servicios. Esta relación de clientelismo también existía entre los tutsi: el rey, el principal propietario de ganado del país, daba algunos rebaños a los grandes jefes, que estos tenían como clientes a otros tutsi menos importantes. Los clientes tutsi no ofrecían prestaciones de mano de obra, como si lo hacían los hutu.
Uno de los rasgos más destacado del contrato de la vaca es que garantizaba al donador la nuda propiedad del ganado: el cliente se beneficiaba de la leche y los becerros, pero debía restituir al patrón las becerras que pariera el animal. De esta forma se perpetuaban las desigualdades basadas en la riqueza. Al frente del país había un soberano absoluto que garantizaba por medio de los rituales necesarios la prosperidad y la fecundidad general. Reinaba con su madre, y ambos, nombraban a todos los funcionarios que eran muchas veces los clientes pastorales. Una fuerte organización militar había sido instaurada al mismo tiempo, y que también estaba controlada por el rey, ya que nombraba a los jefes del ejército. Al principio de cada reinado se formaba un nuevo ejército.
Los tutsi, en definitiva, constituían la aristocracia dominante. A partir de los años cincuenta del siglo veinte, el rey, presionado por la administración colonial, firmó un decreto en el cual se tendía a eliminar el contrato de la vaca ya que el ganado en posesión del cliente podía ser repartido de forma definitiva, a petición de una de las partes. En esta nueva situación, los tutsi habían perdido el poder militar pero no así el poder real. Cristianizados por los belgas, éstos les seguían confiando las tareas de responsabilidad de todos los entes administrativos. Tanto la Iglesia como el gobierno colonial apoyaban abiertamente el poder de la aristocracia tutsi, en detrimento de los hutu. Esta situación duró hasta la muerte del rey en 1959. A partir de ahí se produjo un cambio radical en las alianzas de poder.

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