EUROPEAN HISTORY: EL EJE ROMA-BERLÍN
A partir de la remilitarización de Renania, marzo de 1935, en la cual las protestas de Francia e Inglaterra fueron ineficaces, indujo a Mussolini a romper todas las alianzas. La ayuda dada por Hitler en la guerra de Etiopía templa el disentimiento provocado por la amenaza sobre Austria, sacrificada en lo sucesivo a las ambiciones alemanas como fruto de una inconsecuencia típica de la política mussoliniana. Italia se convirtió en mediador del acuerdo de 11 de junio de 1936 en el que se reconocía la absoluta independencia del país, pero que abría, de hecho, la puerta a las acciones de Hitler, que recibió el derecho de fiscalización sobre los asuntos propios de Austria. El responsable de la política exterior fue el conde Galeazzo Ciano, yerno de Mussolini.
La guerra civil española que estalla en julio de 1936 ofrece a las dos dictaduras un nuevo motivo de convergencia. Mussolini envió “camisas negras” voluntarios a combatir al lado de Franco y, más tarde, tropas regulares que alcanzaron un total de 70.000 hombres. No obtuvo beneficios del conflicto español. Aunque la ayuda alemana fue más discreta, fue Hitler quien conquistó el corazón de Franco
El 25 de octubre de 1936, después de una estancia en Alemania, Ciano firmó una serie de acuerdos estableciendo una política común germanoitaliana a la que Mussolini le dio el nombre de Eje Roma-Berlín. El 24 de septiembre de 1937, Mussolini mantuvo una entrevista con Hitler. Hitler lo aduló hasta el extremo e impresionado por el poderío germánico, Mussolini da comienzo al primer compromiso de una larga serie de subordinaciones a Hitler. El 6 de noviembre, Italia se adhiere junto con Berlín y Tokio a la declaración de intenciones ideológicas del Pacto Anti-Komintern; el 7 de diciembre abandona, con estrépito, la Sociedad de Naciones. Cuando Hitler decidió la anexión de Austria, no informó a Mussolini hasta unos días después. Esto representaba para Italia el hundimiento de toda su política danubiana iniciada en 1915. A persar del malestar creado en la opinión pública italiana y del descontento del rey ante este fracaso del fascismo, insuficientemente compensado por la condescendiente promesa de inviolabilidad de la frontera del Brennero, sobre la que pesaría en lo sucesivo todo el poderío alemán, no tuvo Mussolini más remedio que inclinarse ante el hecho consumado, tras haber intentado una contramaniobra, con la firma el 16 de abril del Pacto de Pascua, de amistad con Inglaterra. Pero esta aproximación a Londres sería efímera. Desde finales de mayo, Ciano había asegurado a Hitler el desinterés italiano en la crisis checa que se perfila en el horizonte y que estalla en septiembre de 1938. Después del fracaso de la intervención británica por seguir un compromiso en la cuestión de los Sudetes, minoría alemana reivindicada por Berlín, Mussolini es solicitado como mediador por Londres y París. Mussolini consigue que la intervención hitleriana sea aplazada durante 24 horas y a finales de septiembre la conferencia de Munich sanciona el repliegue de las democracias y el sacrifico de Checoslovaquia. Al día siguiente de la conferencia de Munich, Mussolini podría haberse desinteresado de la empresa alemana y explotar su papel de árbitro ante Hitler y los países occidentales y negociar en una cierta posición de fuerza. Pero frente a esto, se decidió por la alianza militar con Alemania y Japón, propuesta desde el 28 de octubre de 1938 por Von Ribbentrop.

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