PHILOSOPHY TODAY:EL REALISMO FILOSÓFICO


Nuestras proposiciones no pueden ser verdaderas ni falsas, si no existe en último término una realidad extralingüística, independiente de nuestros pensamientos, por conformidad con la cual sean verdaderas, o por disconformidad con la cual sean falsas.
Y sin embargo esta conclusión negativa tiene su importancia, pues resuelve un problema metafísico muy discutido: el de la polémica entre realismo y el idealismo. Para el realismo existe una realidad independiente del pensamiento, y el pensamiento debe acordarse con ella; para el idealismo toda realidad es en última instancia una manifestación o expresión del pensamiento. La aceptación de la teoría de la verdad como correspondencia lleva consigo la aceptación del realismo filosófico.
Pero no de cualquier realismo: hay un realismo ingenuo para el que la realidad en sí misma es conforme a nuestros pensamientos y a nuestras percepciones. Este realismo es insostenible pues ya en el nivel de la percepción lo percibido no es la realidad tal cual es en sí misma, sino el resultado de una interpretación de los datos que recibimos de la realidad. Para el realismo crítico, la realidad, el mundo que percibimos, sobre el que pensamos, del cual hablamos, es más bien el resultado de una cierta interacción entre las cosas y nuestro aparato perceptor (con sus diversos niveles: sensación, imaginación, memoria, inteligencia). Esto no quiere decir que la realidad percibida esté necesariamente falsificada; más bien debemos concebir la relación entre la percepción y la realidad como un cierto isomorfismo: a las diferencias existentes en la percepción les corresponden diferencias también en la realidad. La razón para admitir este isomorfismo del conocimiento y la realidad está muy bien explicada en la siguiente cita de Lorenz:
“Esta actitud epistemológica (a saber, el realismo crítico) tiene su origen en la certidumbre de que nuestro propio dispositivo perceptor es un elemento de la realidad genuina, que ha recibido su forma actual mediante el acuerdo con las cosas reales y la adapatción a ellas. En esa certidumbre estriba nuestra convicción de que todo cuanto nos comunica nuestro dispositivo perceptor sobre la realidad externa responde a algo real. Los “anteojos” de nuestras formas reciocinadoras y perceptivas, tales como la causalidad y la sustantividad, el espacio y el tiempo, son funciones de una organización neurosensitiva cuya finalidad es servir a la conservación de la especie. Así pues, mediante estos anteojos no vemos, como suponen los trascendentalistas, una deformación imprevisible del “ser en si...”, sino una imagen genuina de la realidad, aunque simplificada de una forma en extremo utilitaria (...). La función de nuestro dispositivo perceptor guarda cierta semejanza con lo que sabe un rudimentario cazador de focas o ballenas sobre el comportamiento de su presa, es decir, sólo lo que puede reportarle un beneficio. Ahora bien, ese escaso saber que nos procura la organización de nuestros órganos sensoriales y de nuestro sistema nervioso ha evidenciado su eficacia desde fechas inmemoriales. Evidentemente, debemos suponer que “lo existente por sí mismo” tiene otras muchas facetas, cuya importancia para nosotros, que en realidad somos bárbaros cazadores de ballenas, no es vital” (K.Lorenz, La otra cara del espejo).
Nuestras facultades cognoscitivas por lo tanto, se han desarrollado paso a paso con nuestra organización neurosensitiva, con la finalidad de adaptarse cada vez más a la realidad por medio de un conocimiento más complejo de ella. En este desarrollo, sin embargo, ha habido un punto crítico, un paso decisivo: el “paso de la reflexión”. Ocurre cuando el hombre, usando las posibilidades que le ofrece un lenguaje en desarrollo, dirige su atención, no ya sólo a la realidad, sino a la relación que existe entre nuestro conocimiento y la realidad. El hombre reflexiona, se pregunta por la verdad o falsedad de sus conocimientos, por los límites de sus facultades cognoscitivas. En esta refloexión está la posibilidad de que nuestro conocimiento de la realidad sea objetivo, aún siendo una interpretación de la realidad. Ya en el nivel de la percepción interpretamos la realidad; pero por la reflexión podemos darnos cuenta de que interpretamos la realidad al conocerla, y por tanto podemos librarnos del error de creer que todo lo que percibimos es real tal y como lo percibimos. Y por un proceso creciente de depuración podemos intentar “descontar” de nuestro conocimiento del mundo todo lo que es puramente subjetivo. Evidentemente, no es posible eliminar de nuestro conocimiento toda subjetividad: sería lo mismo que eliminar todo conocimiento. Pero sí podemos, al tiempo que asumimos esa necesidad de subjetividad, construir una doctrina realista crítica que vaya eliminando las distorsiones más obvias que nuestra subjetividad impone a la visión del mundo que tenemos.

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