EDITORIAL:GESTIONAR LA INCERTIDUMBRE


La incertidumbre aparece como un concepto fundamental, no sólo frenando la capacidad innovadora, sino también alterando la política económica, y la propia acción de gobierno.
El deterioro de la situación actual ha puesto de manifiesto hasta qué punto está en crisis el concepto tradicional de futuro y su necesaria manipulación en la vida económica. Cuando Paul Valery decía “el futuro no está en nuestras manos” anticipaba el desconcierto actual de las clases dirigentes y de los ciudadanos, a la hora de asignar un valor, en términos de presente, a un objetivo futuro, en unos momentos en los que se ha multiplicado el grado de incertidumbre.
¿Qué es la política? Entre otras cosas, la política consiste en articular, a nivel institucional y social, un sistema de relaciones que permitan maximizar el valor actualizado del bienestar que se espera alcanzar en el futuro. Los ciudadanos de la sociedad actual estamos dispuestos a incurrir en los sacrificios de la austeridad, de la emigración, del esfuerzo porque tenemos una esperanza razonable de que ahorrando  cien hoy obtendremos una cantidad superior mañana, o porque consideramos que vale la pena soportar los inconvenientes del abandono de nuestro lugar de origen y de nuestra familia, para obtener unos ingresos futuros capaces de colmar las necesidades futuras. Para que el valor actual del beneficio futuro esperado sea mayor que el sacrificio y el esfuerzo presentes hace falta que la incertidumbre sea muy pequeña.
En los últimos años, los gobiernos no se han percatado de la trascendencia económica de la manipulación del futuro. El hecho de que la reducción del grado de incertidumbre no haya figurado como objetivo prioritario en sus programas constituye otro de los factores decisivos de la crisis mundial.

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