HISTORY OF SPAIN: LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA
La Inquisición española era diferente de la Inquisicón papal. ¿Por qué? Primero por sus orígenes y después por su organización. En el siglo XV no se había extendido por España ninguna herejía y nadie intentaba crear una nueva creencia. Básicamente, la Inquisición española se creó para encargarse de los judíos conversos.
Como es bien sabido, los judíos obtuvieron un importante progreso a lo largo de los siglos. Sus relaciones con los cristianos se deterioraron durante el siglo XIV. Como siempre, nos situamos en una depresión económica, unido a su fuerte pujanza económica, hizo que se engendraran resentimientos que dieron lugar al odio y todo ello acabó en actos de violencia, como las masacres de 1391. Para poder salvar sus vidas y sus fortunas, muchos de los judíos aceptaron el cristianismo. Estos judíos conversos recibieron el nombre de conversos, cristianos nuevos. Su número osciló entorno a los 100.000. Con la aceptación de la nueva religión, progresaron más ya que ahora podían acceder tanto a la Iglesia como al Estado y en los dos ámbitos llegaron a ocupar puestos de responsabilidad.
Todo ello generó sospechas de que continuaban practicando secretamente la religión judía. Por ello, la persecución no acabó con la conversión y los enfrentamientos entre cristianos nuevos y viejos continuó. Ello dio lugar a que muchos cristianos nuevos en su afan por demostrar su ortodoxia y al mismo tiempo de protegerse de las sospechas de los cristianos viejos, denunciaran no sólo a los judíos sino también a otros conversos y este espíritu de rivalidad y de envidia fortaleció la intolerancia de la Inquisición. Es bien sabido, que durante los primeros años de vida de la Inquisición española muchos de sus miembros, entre ellos Torquemada, descendían de cristianos nuevos.
Por lo tanto, las razones que llevaron a la creación de la Inquisición española fueron el temor a la apostasía de los judaizante y la convicción de que la Iglesia y el Estado estaban siendo socavados desde el interior de los mismos. El máximo inspirador de la Inquisición española fue el prior de la comunidad dominica de Sevilla, Alonso de Ojeda, quien tenía mucha influencia sobre los Reyes Católicos. Ahora bien, estas ganas de los dominicos por crear dicha institución provenía del anisemitismo del pueblo. ¿Por qué? Artesanos, comerciantes, trabajadores, y muchos cristianos viejos de las clases más pobres envidiaban el éxito material y social de los judíos y conversos. La primera generación de agentes de la Inquisición -espías e informadores- se reclutaron entre los sectores populares más desfavorecidos. Además de lo que hemos dicho, la corona tenía otros motivos por los cuáles instaurar la Inquisición. Las finanzas de la Corona estaban en una situación crítica. Por lo tanto, los que aconsejaron medidas económicas contra los conversos -la confiscación de sus propiedades- fueron escuchados.
Durante todo este período el papa Sixto IV quiso introducir la Inquisición papal en España, pero no obtuvo éxito ya que Isabel y Fernando estaban decididos a limitar la actuación papal. Ahora bien, pasado un tiempo, los monarcas españoles pidieron permiso al papa para establecer la Inquisición, aunque no la Inquisición papal. Ellos quierían un tribunal que estuviera bajo su jurisdicción, exluyendo la intervención de Roma. Al final Sixto IV accedió a su petición y mediante una bula de 1 de noviembre de 1478 autorizó a la corona a nombrar inquisidores con jurisdicción sobre los casos de herejía.
Las primeras actuaciones de la Inquisición fueron violentas y despiadadas. El primer auto de fe tuvo lugar en Sevilla el 6 de febrero de 1481 y quemaron a 6 personas. Este reino del terror generó una dura oposición de los conversos, los cuales apelaron a Roma, a los fueros regionales, a los magistrados locales, a los monarcas, a los cuales ofrecieron dinero. Cuando fracasaron todas estas acciones recurrieron a acciones violentas, siendo la más espectacular el asesinato del inquisidor de Aragón Pedro de Arbués en la catedral de Zaragoza en 1485. Ahora bien, esta resistencia generó el efecto contrario. La Inquisición redobló sus esfuerzos y se extendió por toda España. Al mismo tiempo, hizo oidos sordos a las quejas que llegaban de Roma. Sixto IV, impresionado por la violencia de los primeros tribunales, lamentó haber concedido tan amplios poderes a la corona española e intentó poner coto a la drástica política de la Inquisición española limitando su independencia y sus poderes.
Pero una vez más tuvo que ceder ante la determinación de Fernando e Isabel y ante las negociaciones desarrolladas en su nombre por el cardenal Rodrigo Borgia, futuro Alejandro VI. Autorizó la creación de un Consejo Supremo de la Inquisición y el nombramiento de un inquisidor general con plenos poderes en la persona de fray Tomás de Torquemada, confesor real y prior del monasterio dominico de la Santa Cruz de Segovia.

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