HISTORY OF SPAIN. LA CREACIÓN DE LA RED FERROVIARIA ESPAÑOLA
A lo largo del siglo XIX los países de la Europa occidental crearon una red de vías de comunicación terrestre que por primera vez en la historia, iban a permitir el transporte de cantidades importantes de mercancías a velocidades rápidas y a precios no muy elevados.
La construcción del ferrocarril en España fue regulado por primera vez por Real Orden de 31 de diciembre de 1844, en la que se fijaban las condiciones básicas para la concesión y explotación de líneas que, se suponía, serían construidas por compañías privadas.
En muy pocos años el gobierno hizo una serie de concesiones a grupos financieros particulares españoles para el tendido de diversos tramos. Sin embargo, la mayor parte de dichas concesiones no construyeron absolutamente nada y en 1859 casi todos habían renunciado a sus derechos (la única línea de ferrocarril terminada en 1850 era la de Barcelona a Mataró, que fue concedida en 1843 e inagurada en 1848).
En vistas del escaso éxito los gobiernos españoles modificaron, en 1850, las condiciones para la concesión de derechos para la creación y explotación de líneas de ferrocarril. De acuerdo con ellas el Estado procuró estimular la creación de líneas férreas concediendo una serie de ventajas económicas a las compañías que se decidieran a construirlas (Ley General de Ferrocarriles de junio de 1855).
Las nuevas condiciones produjeron el efecto deseado. Entre 1850 y 1875, España pasó de contar en explotación 28 kilómetros de vías férreas a tener 6124; el año récord de la construcción fue 1865, en el que se realizó el tendido de 929 kilómetros de vías.
La financiación del tendido de la red ferroviaria fue, seguramente, la inversión de capital más importante que se realizó en España en el siglo XIX. Se ha calculado que hasta 1864 se había invertido ya en esta obra 6.212.000 reales y en cambio sólo se habían dedicado 941.000 reales a la creación de empresas industriales.
¿Cómo explicar esta afluencia de dinero para la construcción del ferrocarril? Parece que la explicación está en las ventajas económicas concedidas por el Estado español a las empresas constructoras de ferrocarriles. ¿Cuáles fueron dichas ventajas?
- El estado garantizaba a las empresas constructoras una rentabilidad mínima de un 6% anual para los capitales invertidos.
- Además, el Estado autorizaba la libre importación de toda clase de productos relacionados con la construcción de las líneas de ferrocarril.
Se ha calculado que el Estado aportó, en forma de subvenciones a las compañías constructoras el 16% del capital invertido. Este dinero salió en buena parte de los ingresos obtenidos por el gobierno en la desamortización de 1855.
Descontado este capital aportado por el Estado en forma de subvenciones, el resto procedía de la iniciativa privada. El capital español intervino en la construcción de las líneas, pero la parte más importante fue aportada por grandes sociedades de crédito extranjeras, principalmente francesas.
La banca francesa, que desde 1820 había hecho importantes préstamos a la Hacienda española, logró arrancar a los gobiernos españoles del período progresista dos leyes que les permitieron invertir en España en condiciones sumamente favorables.
Ña base de estas ventajas consistió, por una parte, en tener el control de una porción importante del crédito privado que actuaba en España y, por otra, en acaparar concesiones ferroviarias, con las subvenciones estatales a las que tales concesiones daban derecho. Y es que de hecho, ahí residía la verdadera rentabilidad para las compañías creadoras y explotadoras de ferrocarriles, ya que la explotación de las líneas ferroviarias españolas a lo largo del siglo XIX, distó mucho de ser un tipo de empresa atractiva por su rentabilidad.
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