ASPECTOS DE LA COTIDIANIDAD (I)
Después de correr durante cinco minutos por la avenida, me di cuenta de que estaba lloviendo. También me di cuenta que ya no era joven. A partir de ahora me apuntaré a un gimnasio, pensaba tangencialmente. Las gotas de lluvia caían con intensidad sobre mi cara. El agua de las tormentas de verano es diferente a las de las otras estaciones. Tiene una intensidad diferente y hasta un olor y sabor diferente. No podía ser que todo esto ocurriera. Había salido de casa detrás de un ladrón, el cual llevaba consigo una apreciada estatua que compré en Punta Cana. Valor monetario no tenía ninguno, y sentimental tampoco. Pero, me gustaba conservar cosas de los lugares donde había estado. Manías. Después de reconocer mi fracaso atlético, decidí regresar a casa para ver si faltaba alguna cosa más.
DE VUELTA AL TRABAJO
El Museo de Historia Natural estaba ubicado en la parte vieja de la ciudad. No era uno de los museos más visitados, pero a pesar de ello, contábamos con subvenciones suficientes para organizar exposiciones o apuntarnos a exposiciones itinerantes. Además, teníamos firmado un convenio con el Ministerio de Educación con el cual llegaban manadas de estudiantes y nos hacían incrementar nuestra posición en el ranking de museos. La estructura del museo era muy parecida a la de los años treinta, cuando se construyó, para mostrar básicamente como eran y vivían las diferentes especies de animales, entre las cuales también estaba la humana, ya que, también se expusieron a diferentes personas de origen africano.
Las estanterías eran de madera antigua, con unos cristales enormes. En el interior se encontraban los diferentes minerales, especies disecadas, o bien, algunos objetos de interés. Los techos de las salas eran altísimos y las puertas de los diferentes departamentos también eran un monumento a las maderas nobles, pero en versión pobre.
La única novedad que había entrado en las salas hacía referencia al sistema solar. Para ello, se había colocado unas máquinas interactivas con muchísimas luces. Esta era la atracción más visitada cuando llegaban los diferentes grupos de estudiantes.
¡Ah! Todavía no me he presentado. Soy el responsable del departamento de Culturas Antiguas y Especies en Extinción. Debido a esto último, de vez en cuando salía por la televisión para rellenar los dos minutos de conciencia ética, que tenían los programadores, para explicar cuál era la última especie en peligro de extinción.
No podíamos competir con los museos alemanes o estadounidenses, los cuales tenían muchísimo presupuesto y además contaban con equipos multidisciplinarios.
DE VUELTA AL TRABAJO
El Museo de Historia Natural estaba ubicado en la parte vieja de la ciudad. No era uno de los museos más visitados, pero a pesar de ello, contábamos con subvenciones suficientes para organizar exposiciones o apuntarnos a exposiciones itinerantes. Además, teníamos firmado un convenio con el Ministerio de Educación con el cual llegaban manadas de estudiantes y nos hacían incrementar nuestra posición en el ranking de museos. La estructura del museo era muy parecida a la de los años treinta, cuando se construyó, para mostrar básicamente como eran y vivían las diferentes especies de animales, entre las cuales también estaba la humana, ya que, también se expusieron a diferentes personas de origen africano.
Las estanterías eran de madera antigua, con unos cristales enormes. En el interior se encontraban los diferentes minerales, especies disecadas, o bien, algunos objetos de interés. Los techos de las salas eran altísimos y las puertas de los diferentes departamentos también eran un monumento a las maderas nobles, pero en versión pobre.
La única novedad que había entrado en las salas hacía referencia al sistema solar. Para ello, se había colocado unas máquinas interactivas con muchísimas luces. Esta era la atracción más visitada cuando llegaban los diferentes grupos de estudiantes.
¡Ah! Todavía no me he presentado. Soy el responsable del departamento de Culturas Antiguas y Especies en Extinción. Debido a esto último, de vez en cuando salía por la televisión para rellenar los dos minutos de conciencia ética, que tenían los programadores, para explicar cuál era la última especie en peligro de extinción.
No podíamos competir con los museos alemanes o estadounidenses, los cuales tenían muchísimo presupuesto y además contaban con equipos multidisciplinarios.
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