LA LIBERTAD COMO MOTIVO DE LA CULTURA COLECTIVA
Si indagamos un poco la historia humana, esta nos aparece como una constante coerción del libre desarrollo del hombre, coacción organizada desde el poder para su propia perpetuación. Esta coerción cubre los dominios más variados de la cultura, desde la educación tradicional dirigida fundamentalmente hacia la formación de individuos dóciles e integrados, hasta los sistemas carcelario, la tortura y la condena a muerte, pasando por el control de la información y las presiones sociales.
En este sentido podemos apreciar varios grandes recursos de inhibición de la libertad por parte de nuestras organizaciones sociales. En primer lugar, de la manera más directa y palmaria, la coacción física, la violencia directa, que se testimonia a través de los castigos, de los procedimientos carcelario, de la muerte, de la difusión del terror, del exterminio. El homicidio y el genocidio organizados desde el poder mismo, en aquellos casos en que éste se ve gravemente en peligro.
Sin llegar a estos límites, muchas veces basta con lo que podemos designar como coacción convincente, como violencia sutil. Resulta fácil de ejercer en un mundo donde la información supones una realidad tan importante y su control no es difícil por parte de los grandes poderes políticos y económicos. La influencia ejercida desde los medios de comunicación de masas representa, sin duda una de los modos más característicos y eficaces de nuestra época para impedir el libre desarrollo de la libertad.
A todo ello debemos sumar el hecho de que las clases dominantes irradian determinados modelos de prestigio sobre el resto de la sociedad. Y, de una manera muy determinante, la sociedad capitalista, al establecer la capacidad de acceso al poder que supone el dinero, utiliza uno de los procedimientos más actuantes en la vida cotidiana de coacción, operando sobre sujetos cuya apetencia económica es desarrollada al máximo.
Toda esta serie de fenómenos, inhibidores de la libertad, constituyen el resultado de sociedades basadas en las relaciones de dominio: dominio de unas clases por otras; dominio de unos pueblos sobre otros. Relaciones de dominio entre los sexos, de opresión de la mujer y de dominación de los adultos sobre los niños y la juventud.
La declaración, puramente formal y retórica, de la libertad e igualdad de los individuos carece de toda eficacia mientras no se consiga un acceso de la colectividad entera, de toda la humanidad, a los resortes clave del poder económico y cultural.
En este sentido podemos apreciar varios grandes recursos de inhibición de la libertad por parte de nuestras organizaciones sociales. En primer lugar, de la manera más directa y palmaria, la coacción física, la violencia directa, que se testimonia a través de los castigos, de los procedimientos carcelario, de la muerte, de la difusión del terror, del exterminio. El homicidio y el genocidio organizados desde el poder mismo, en aquellos casos en que éste se ve gravemente en peligro.
Sin llegar a estos límites, muchas veces basta con lo que podemos designar como coacción convincente, como violencia sutil. Resulta fácil de ejercer en un mundo donde la información supones una realidad tan importante y su control no es difícil por parte de los grandes poderes políticos y económicos. La influencia ejercida desde los medios de comunicación de masas representa, sin duda una de los modos más característicos y eficaces de nuestra época para impedir el libre desarrollo de la libertad.
A todo ello debemos sumar el hecho de que las clases dominantes irradian determinados modelos de prestigio sobre el resto de la sociedad. Y, de una manera muy determinante, la sociedad capitalista, al establecer la capacidad de acceso al poder que supone el dinero, utiliza uno de los procedimientos más actuantes en la vida cotidiana de coacción, operando sobre sujetos cuya apetencia económica es desarrollada al máximo.
Toda esta serie de fenómenos, inhibidores de la libertad, constituyen el resultado de sociedades basadas en las relaciones de dominio: dominio de unas clases por otras; dominio de unos pueblos sobre otros. Relaciones de dominio entre los sexos, de opresión de la mujer y de dominación de los adultos sobre los niños y la juventud.
La declaración, puramente formal y retórica, de la libertad e igualdad de los individuos carece de toda eficacia mientras no se consiga un acceso de la colectividad entera, de toda la humanidad, a los resortes clave del poder económico y cultural.
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