OVISTAS CONTRA ESPERMISTAS
A mediados de la década de 1670, el holandes Régnier de Graaf describió por primera vez el folículo ovárico, dentro del cual se forma el óvulo. Aunque el óvulo mismo no se vio hasta pasados otros 150 años, su existencia se aceptó rápidamente. Tanto es así, que de Graaf atrajo a una escuela de adeptos, los ovistas, quienes estaban tan convencidos de sus opiniones como los animalculistas - o espermistas- lo estaban de las suyas. En poco tiempo, ambos grupos se enfrentaron abiertamente.
Los animalculistas sostenían que dentro de cada espermatozoide humano había una criatura diminuta, un homúnculo u hombrecito que era un futuro ser humano en miniatura. El pequeño se implantaba en el vientre de la hembra donde se nutría pero la madre era meramente una incubadora para el feto en crecimiento. Cualquier semejanza que un niño pudiera tener con su madre, sostenía esta corriente de opinión, se debía a las "influencias prenatales del vientre". Los ovistas, por el contrario, decían que era el óvulo femenino el que contenía el futuro ser humano en miniatura; los animálculos del líquido seminal del macho simplemente estimulaban su crecimiento.
Ovistas y espermistas por igual llevaron esta discusión un paso lógico más adelante: si cada homúnculo tenía dentro de sí otro ser humano perfectamente formado, pero más pequeño, dentro de éste debía haber otro y así, sucesivamente, debía contener hijos, nietos y bisnietos, todos ellos en reserva para un futuro uso. Algunos ovistas llegaron tan lejos como que afirmaron que Eva había contenido dentro de su cuerpo a todas las generaciones no nacidas que todavía estaban por venir, con cada óvulo encajado perfectamente dentro de otro a la manera de las muñecas rusas. Cada generación de hembras, desde Eva, habría contenido un óvulo menos que la generación anterior. Después de 200 millones de generaciones, todos los óvulos se habrían terminado y la vida humana llegaría a su fin.
Los animalculistas sostenían que dentro de cada espermatozoide humano había una criatura diminuta, un homúnculo u hombrecito que era un futuro ser humano en miniatura. El pequeño se implantaba en el vientre de la hembra donde se nutría pero la madre era meramente una incubadora para el feto en crecimiento. Cualquier semejanza que un niño pudiera tener con su madre, sostenía esta corriente de opinión, se debía a las "influencias prenatales del vientre". Los ovistas, por el contrario, decían que era el óvulo femenino el que contenía el futuro ser humano en miniatura; los animálculos del líquido seminal del macho simplemente estimulaban su crecimiento.
Ovistas y espermistas por igual llevaron esta discusión un paso lógico más adelante: si cada homúnculo tenía dentro de sí otro ser humano perfectamente formado, pero más pequeño, dentro de éste debía haber otro y así, sucesivamente, debía contener hijos, nietos y bisnietos, todos ellos en reserva para un futuro uso. Algunos ovistas llegaron tan lejos como que afirmaron que Eva había contenido dentro de su cuerpo a todas las generaciones no nacidas que todavía estaban por venir, con cada óvulo encajado perfectamente dentro de otro a la manera de las muñecas rusas. Cada generación de hembras, desde Eva, habría contenido un óvulo menos que la generación anterior. Después de 200 millones de generaciones, todos los óvulos se habrían terminado y la vida humana llegaría a su fin.
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