HISTORY OF SPAIN: LA PROCLAMACIÓN DE LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA


El 12 de Abril de 1931 se celebran las anunciadas Elecciones Municipales, acudiendo a las urnas el 67 % de los electores a nivel nacional. Sobre los resultados, hay una gran divergencia entre los diferentes historiadores: ya que continuaba en vigor el famoso artículo 29 (cuando había una sola Lista —simple o compuesta—, o cuando se presentaban igual o menor número de candidatos que plazas de concejales a cubrir, no se celebran elecciones, sino que eran automáticamente proclamados), por el que fueron elegidos directamente (sin necesidad de celebrar elecciones) unos 14.000 concejales monárquicos por unos 2.000 republicanos; además, había coaliciones o candidaturas difíciles de encuadrar (con numerosos grupos o individuos independientes, de matiz variable); y no hay que olvidar la influencia, que todavía ejercieron los caciques en el ámbito rural.
Estas elecciones constituyeron un auténtico referéndum sobre el régimen monárquico y, aunque salieron elegidos 22.150 concejales que apoyaban a Alfonso XIII, frente a los 5.875 que se oponían a él (por las causas ya citadas), en la mayoría de las ciudades del país triunfaron los candidatos de la coalición republicana (a pesar de esa diferencia tan grande en el número de ediles, en el cómputo total de votos quedaron casi igualados: los republicanos obtienen en 49'53 %, por un 49'72 % de los fieles al rey). De manera que, en cifras absolutas, los españoles siguieron votando la monarquía, que fue la vencedora real; mientras que los antimonárquicos fueron los vencedores morales, y la Corona no podía mantenerse con la oposición de casi todas las ciudades.
El día 13, fueron muchos los que se lanzan a la calle vitoreando a la República. Y, el 14 (bien temprano), el ayuntamiento de Éibar es el primero en proclamarla (seguido por el de Barcelona).
Entretanto, coexisten varios poderes: mientras el Comité Revolucionario (elegidos tras el Pacto de San Sebastián, y que formarán el primer Gobierno de la futura República), conscientes de su fuerza exigen el inmediato exilio del rey; el monarca, desconcertado por los resultados y con sus ministros divididos ante las medidas a tomar (unos le aconsejaban abdicar y otros que declarara el estado de guerra), opta por abandonar el país.
Ese día 14 de abril, el citado Comité se convierte en Gobierno Provisional y proclama la Segunda República, en medio de una insurrección popular (NO de una insurrección militar, secundada por una huelga obrera, tal y como habían previsto los republicanos y socialistas); evidenciando el agotamiento de la monarquía, al igual que los partidos tradicionales.
La derecha, sorprendida, tardaría en reorganizarse. Mientras la conflictividad, desplazada de momento por el júbilo popular, resurgirá inmediatamente y la República se encontrará en una grave disyuntiva: entre los que se sentían perjudicados por las reformas (caso de los propietarios), y los que tenían sus esperanzas depositadas en ella (jornaleros, obreros, yunteros, etc.).

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