ECONOMIC HISTORY: OBJETIVOS CONFLICTIVOS EN UN HOSPITAL.
Los hospitales son un ejemplo de organización sin ánimo de lucro. La mayor parte surgieron por iniciativa de órdenes religiosas que aportaban los recursos necesarios para su establecimiento. La mayor parte del trabajo corría a cargo de los propios miembros de la orden, bajo la supervisión y control sanitario de algún médico de la localidad, que prestaba sus servicios voluntariamente sin ningún tipo de retribución. Sus funciones e imagen diferencian de las que tiene actualmente un hospital moderno. Su actividad tenia un carácter benéfico-asistencial y asilar; sus usuarios eran personas faltas de recursos, que en muchos casos eran ingresados no tanto para intentar sanarlos cuanto para aislarlos de la comunidad y prevenir la transmisión de su enfermedad.
Este panorama, afortunadamente, ha cambiado radicalmente en los últimos decenios con la progresiva tecnificación y mayor eficacia de la medicina y el desarrollo de sistemas sanitarios públicos. En la actualidad predomina el personal profesional retribuido, y sus usuarios provienen de todas las clases sociales. Ha aumentado notablemente el número de hospitales públicos y han surgido también hospitales de titularidad privada lucrativa, que se financian con el pago directo por parte de los usuarios.
Por su parte, una proporción creciente de los ingresos de los hospitales privados con ánimo de lucro procede de subvenciones o del pago de servicios concertados a cuenta del sector público y de las instituciones de previsión social.
El rápido incremento del gasto en asistencia hospitalaria y su importante participación en el gasto sanitario global -en la mayor parte de los países puede cifrarse alrededor del 50%- ha dado lugar a una creciente atención de las políticas de control del gasto sanitario hacia el comportamiento económico de los hospitales, y muy especialmente hacia la identificación de los factores que explican el incremento del gasto y los mecanismos para mejorar su eficiencia. En los últimos años han aparecido varias teorías sobre los hospitales sin ánimo de lucro. Estas teorías toman en consideración aquellas características de los hospitales que más las diferencian de una empresa mercantil: la más importante, sin duda, el papel que desempeña el médico en la toma de decisiones. Aunque jurídicamente el médico sea un empleado y deba someterse a la autoridad del gerente y de los órganos rectores, los profesionales médicos disfrutan de una amplia libertad clínica, justificada por su conocimiento técnico y por su responsabilidad profesional ante el enfermo, que les permite adoptar decisiones sobre la asignación de recursos contrarias a la política de los responsables de la gestión económica, en función de sus objetivos y valores profesionales.
Estos modelos solucionan la existencia de objetivos múltiples, integrándolos en la función de utilidad de un único decisor. Otros modelos, en cambio, se enfrentan con el problema tratando al hospital como un organismo que integra dos "empresas": la del médico y la del administrador. La primera tiene como función proveer los servicios en base a criterios científicos de indicación clínica, sin atender a consideraciones de coste, mientras que la segunda tiene un enfoque gerencial y centra su atención en los problemas derivados de la limitación de los recursos disponibles. La situación se plantea como un proceso permanente de negociación, que se ajustaría probablemente a un modelo de juego no cooperativo.
Este panorama, afortunadamente, ha cambiado radicalmente en los últimos decenios con la progresiva tecnificación y mayor eficacia de la medicina y el desarrollo de sistemas sanitarios públicos. En la actualidad predomina el personal profesional retribuido, y sus usuarios provienen de todas las clases sociales. Ha aumentado notablemente el número de hospitales públicos y han surgido también hospitales de titularidad privada lucrativa, que se financian con el pago directo por parte de los usuarios.
Por su parte, una proporción creciente de los ingresos de los hospitales privados con ánimo de lucro procede de subvenciones o del pago de servicios concertados a cuenta del sector público y de las instituciones de previsión social.
El rápido incremento del gasto en asistencia hospitalaria y su importante participación en el gasto sanitario global -en la mayor parte de los países puede cifrarse alrededor del 50%- ha dado lugar a una creciente atención de las políticas de control del gasto sanitario hacia el comportamiento económico de los hospitales, y muy especialmente hacia la identificación de los factores que explican el incremento del gasto y los mecanismos para mejorar su eficiencia. En los últimos años han aparecido varias teorías sobre los hospitales sin ánimo de lucro. Estas teorías toman en consideración aquellas características de los hospitales que más las diferencian de una empresa mercantil: la más importante, sin duda, el papel que desempeña el médico en la toma de decisiones. Aunque jurídicamente el médico sea un empleado y deba someterse a la autoridad del gerente y de los órganos rectores, los profesionales médicos disfrutan de una amplia libertad clínica, justificada por su conocimiento técnico y por su responsabilidad profesional ante el enfermo, que les permite adoptar decisiones sobre la asignación de recursos contrarias a la política de los responsables de la gestión económica, en función de sus objetivos y valores profesionales.
Estos modelos solucionan la existencia de objetivos múltiples, integrándolos en la función de utilidad de un único decisor. Otros modelos, en cambio, se enfrentan con el problema tratando al hospital como un organismo que integra dos "empresas": la del médico y la del administrador. La primera tiene como función proveer los servicios en base a criterios científicos de indicación clínica, sin atender a consideraciones de coste, mientras que la segunda tiene un enfoque gerencial y centra su atención en los problemas derivados de la limitación de los recursos disponibles. La situación se plantea como un proceso permanente de negociación, que se ajustaría probablemente a un modelo de juego no cooperativo.
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