ECONOMIC HISTORY: LA POLÍTICA ECONÓMICA
La política monetaria se ocupa básicamente del manejo o dirección de las magnitudes monetarias, con el fin de alcanzar los objetivos de la política económica. ¿Cuáles son los fines de la política monetaria? En un principio hay un consenso entre los economistas sobre dichos fines, entre los que destacamos: un nivel de producción real agregada que se mantenga siempre cercano al de la capacidad real (que no exista paro ni capacidad productiva ociosa); nivel de precios aceptables; y un crecimiento sostenido de la capacidad de producción.
Además de estos fines, la política económica se plantea otros objetivos tales como: la eficiencia económica; distribución aceptable de la renta y consecución del equilibrio en los ingresos y pagos internacionales.
Estos objetivos no son independientes entre sí ya que el alcance de algunos condiciona el logro de los restantes, unas veces de forma complementaria y otras de forma competitiva sólo puede conseguirse uno de ellos con un coste en términos de otro)
Durante muchos años la política económica se ha entendido como la difícil tarea de igualar la demanda total con la oferta total. En el enfrentamiento de estas dos grandes magnitudes, un exceso de demanda da lugar a presiones inflacionistas y una insuficiencia de demanda -como el período actual- ocasiona desempleo. Así pues, la política del lado de la demanda se entiende como una actuación -o ausencia de actuación- sobre los cuatro componentes de la demanda a través de la política monetaria y de la política fiscal. Esta política de demanda se acostumbra a llamar política de estabilización.
En el lado de la oferta, la política económica se entiende como la actuación sobre las variables económicas que contribuyen a un aumento de la capacidad productiva u oferta potencial de la economía.
¿Cuál es el planteamiento de la política monetaria? El esquema de la política monetaria se suele exponer de la forma siguiente: los fines últimos de la política económica (pleno empleo, crecimiento, estabilidad, etc) se conseguirán con mayor o menor precisión según los niveles o las tasas de variación de las variables monetarias. Y estas, a su vez se verán afectadas por la aplicación de los instrumentos a disposición de las autoridades monetarias.
Si partimos de los fines últimos, éstos los establecen las autoridades, o Bruselas en el caso europeo. Con ellos se trata de lograr un crecimiento estable, una distribución justa de la renta, la estabilidad de los precios, el equilibrio de la balanza de pagos, etc. De todos modos, es probable que esos objetivos queden muy lejos en el horizonte temporal de un gobierno. Teniendo en cuenta que transcurre un largo plazo desde que el gobierno se fija un objetivo hasta que sus medidas empiezan a dar resultado, es probable que tarde incluso dos o tres años hasta que pueda estar seguro de que aquel objetivo último se ha logrado.
Pero no es posible esperar durante tanto tiempo, en medio de la incertidumbre. Las autoridades necesitan saber antes si están o no en la trayectoria adecuada. Por ello, establecen lo que se llama variables objetivo o intermedias. Pongamos un ejemplo: un gobierno pretende reducir la inflación de un 20% anual a un 15% anual. El gobierno puede considerar que para conseguir una inflación del 15% la cantidad de dinero debe crecer a un ritmo anual del 18%: este será, pues, el objetivo intermedio de la política monetaria. Cuando lo alcancen, las autoridades podrán estar relativamente seguras de que se hallan en el buen camino para conseguir dicho objetivo último que era reducir la tasa de inflación.
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